Propongo algo revolucionario: Que a los que nos va bien, lo digamos. No para presumir, ni para provocar envidia ni para echárselo en cara a los millones de parados y desahuciados de medio mundo, no. Para todo lo contrario. Para recordar que en medio de tanta grisura, aún hay vida, aún puede haber alegría, y dinero, y placeres. Y qué coño, no vamos a dejar que esta crisis también acabe con los que no estamos en crisis, ¿no?